El Pasajero

El Pasajero



Editorial





Antes que nada, pido una disculpa ya que no he podido publicar nada por falta de material, ya que no he encontrado nada interesante y eh optado por publicar videos de Creepypastas (NOTA NINGUNO SON DE MI AUTORÍA) que he encontrado, ya que casi no hay escritos o no son interesantes.

Como lo antes mencionado empezare a publicar videos de Creepypastas que para mi en especial me han  gustado y espero que a ustedes también les guste, tratare de publicarle más seguido ya que para eso se ha creado este blog para el simple hecho de entretenerlos.

Cierra Tu Puerta


Fuente: http://creepypastas.com/ 

Lee atentamente mis palabras y cierra muy bien tu puerta, al terminar de leer, agradecerás haberla cerrado.
Ya no hay tiempo, están cerca…
Sus pasos se escuchan, ya están llegando, intentan abrir la puerta, la cerré en cuanto note que ya casi era la hora de su llegada…
Escucho sus susurros… están hablando de mí, hablan sobre lo que les prometí…
Rasgan sus pezuñas contra mi puerta, sé que quisieran rasgar mi piel con ellas…
Ahora empiezan a gritar, piden que les abra la puerta, piden que cumpla mi promesa…
Exigen que pague por lo que ellos me entregaron…
Pero…
Como podría cumplir algo que solo acepte en un momento de ambición, sé que no debí haberlo echo, jamás pensé en como podría cumplir algo casi imposible y en tan poco tiempo no imagine que ellos vendrían a cobrar aquel precio…
“Conocimiento absoluto” me dijeron, tendrás todo el conocimiento del mundo de toda época pasada o futura, buena o mala, se revelaría ante mis ojos la verdad sobre Dios, la ubicación de grandes tesoros de la historia, podría solucionar errores de mi pasado y tener respuesta para las preguntas de mi futuro, definitivamente quería aquel poder, era demasiada tentación ante mi, ofreciéndose de manera muy… Barata…?
No…claro que no era barata, tenía que entregarle algo a aquellos seres, pedían un precio muy alto, cien almas… cómo podría conseguir cien almas y en tan poco tiempo…?, oh no, claro que no lo pensé, en aquel instante tome la pluma y firme el contrato, si en tres días no entregaba lo prometido, mi vida sería el pago. Si en tres días mi cuenta no era saldada ellos vendrían y me arrancarían el alma.
Hace 2 días tenia que entregar aquellas almas, vinieron a recogerlas y se enojaron mucho al ver que no tenía ni una sola, suplique por mi vida, intente convencerlos y afortunadamente me dieron una última oportunidad.
Tenía 2 días mas… 2 días para contar y hacer famosa mi historia y ante todo hacerla creíble, me dijeron que si alguien se enteraba por lo que pasaba y me prestaba atención por al menos 2 minutos imaginando cada palabra y sintiendo por lo menos algo de emoción, la vida de aquel incauto seria el pago…

Dulces sueños



Fuente: http://creepypastas.com/ 

—¿Lo escucha, verdad? —pregunté sonriente, mientras veía la ventana detrás de ella, donde las cortinas tapaban cualquier entrada de luz, u oscuridad.
—¿Escuchar qué? —preguntó con una expresión entre dudosa e irritada, mientras lentamente giraba su rostro hacia la ventana.
—La lluvia. Pronto lloverá —terminé con una sonrisa en mis labios. Dejé de mirar a la ventana y la miré a ella. Su rostro ya viejo no la dejaba apreciar muchas de las cosas que daba la vida; la seriedad en sus ojos mostraba indicios de que le importaba poco lo que decía.
Meneó la cabeza y acomodó de nuevo los papeles en la mesa. Suspiró agobiada y el teléfono de su escritorio comenzó a sonar. Contestó a la llamada y como si fuese natural, me miró frustrada y salió de la habitación con el teléfono aún posado en su mejilla.
Me quedé en la habitación al menos más tiempo del que creí que la llamada duraría, y el silencio comenzó a invadir el cuarto. El «tic-tac» del reloj pasó a ser lo único que escuchaba y su voz, su chillada voz se empezó a escuchar en mi cabeza. Meneé la cabeza y respiré hondo. Me enrosqué en el asiento dejando mis rodillas alrededor de mis brazos y comencé a tararear. ¿La luz de la habitación siempre había sido tan oscura? En este momento no lo recordaba. Su voz, de nuevo, me hablaba. Lo único que lograba mantenerme calmada era los latidos de mi corazón que cada vez parecían acelerarse más. Comencé a respirar entrecortadamente y cerré mi ojos.
—Bien, ¿en qué estábamos? —Su voz me despertó de mis pensamientos y abrí los ojos con sobresalto. Miré a mi alrededor y el foco del techo iluminaba toda la sala. Saqué un suspiro de satisfacción y me reincorporé en la silla, quitándome el sudor de mi frente con el dorso.
Se sentó y entrelazó sus dedos dejándolos sobre los papeles y frente a ella.
—Cuéntame Alice, ¿volviste a tener pesadillas?
—Supongo que ya son parte de mis recuerdos, Meredith. Aunque… irónicamente no recuerdo mucho lo que soñé. —Mentí, sonriente, mientras seguía mi vista a la nada.
—Tu mamá dijo que estuviste gritando por horas, y que rasguñaste tus propios brazos; ¿me dejarías ver? —Sus ojos se posaron en mis brazos y yo tan sólo alargué la manga de mi blusa para que no se viesen mis muñecas. Me paré de donde estaba sentada y caminé hacia la ventana, abrí una de las cortinas para ver el cielo, aparentando no escuchar lo siguiente que venía—. Al menos cuéntame cómo empezó todo.
Al final supongo que todo empezó por jugar de más, como siempre sucede. Era uno de esos días en los que la curiosidad osa por matar al gato, en un decir, por supuesto. Mi amiga Danielle había visto en línea un nuevo juego del que conocíamos poco, pero que las películas americanas —según ella— lo volvían una cosa asombrosa. Las reglas pedían más de dos personas, así que Danielle insistió en invitar a otra chica, de la cual, su nombre hasta la fecha desconozco.
Las tres nos reunimos un viernes en la noche si puedo recordar. La chica de la que el nombre, e incluso voz, desconocía quería comunicarse con una amiga suya que había fallecido, y como nosotras no tuvimos objeción, así fue.
Era uno de esos juegos espiritistas de magia negra, al final no pensé que nada extraño fuese a suceder. Había sido en mi casa, en mi cuarto para ser más precisa. Mis padres se habían divorciado desde hace meses así que mi padre ya no vivía con nosotras, y mi madre se la pasaba todas las noches en los bares, en busca de «su nuevo amor». Habíamos apagado las luces y tres velas estaban en el centro en forma triangular. Nos habíamos sentado en círculo cruzando nuestras piernas. Cerramos nuestros ojos y agarramos nuestras manos, nos balanceamos de un lado al otro lentamente como en las películas. Danielle comenzó a musitar palabras que tenía escritas en un papel y que sencillamente carecían de algún sentido lógico.
—Sé que estás ahí, espíritu. Nosotras somos esclavas de la oscuridad, vírgenes de la luz. Invade nuestras almas más no nuestras mentes. No dejes que la locura nos asesine. Permítenos ser testigos de tu poder, oh Gran Señor.
Ella continuó hablando y de pronto la otra chica comenzó a gritar, horrorizada. Quitó la mano con agresividad de la mía y de la de Danielle y se echó a llorar. Las velas se apagaron al unísono y de la ventana un aire furioso sopló contra nosotras.
—¡Idiota! ¡No puedes cerrar el ritual tan abruptamente! —gritó Danielle mientras azotaba el papel que tenía contra el piso. La chica desconocida salió corriendo de mi cuarto, Danielle la siguió y se despidió de mí con un «luego te llamo» después de un guiño.
Yo me quedé ahí, sentada. El aire comenzó a soplar entre mi cuello y me quedé atónita, mirando a la nada. No recuerdo cómo dormí esa noche, y ciertamente, no recuerdo si dormí esa noche.
Los siguientes días pasaron fuera de lo normal. Escuchaba voces donde no las había. Pensamientos escalofriantes se cruzaban por mi mente y no podía negar que comenzaban a incitarme. Las pesadillas fueron la gota que derramó el vaso; cada vez, cada día, eran más atroces y demostraban lo que las voces en el día me impulsaban a hacer. En uno de mis sueños me encontraba parada frente a mi habitación, había alguien frente a mí, de espaldas, hincado de rodillas y llorando. Era mi madre, Carolina. Le preguntaba por qué lloraba, ella sólo negaba con la cabeza. Con duda me le acerqué y toqué con mi mano su hombro, diciéndole que no tenía por qué llorar. No veía su rostro, seguía encorvada. Tenía algo entre sus manos que no lograba divisar.
—Mamá, ¿qué traes…? —Solté su hombro para acercarme y ella volteó hacia mí, furiosa. Su rostro se encontraba demacrado y aparentaba tener al menos setenta años de edad. Se paró de donde estaba y sin soltar su objeto, retrocedió varios pasos hasta encontrarse con la pared de mi habitación.
—No… lo toques… —musitó, entrecortadamente—. Ahora tu padre no podrá estar con nadie más que conmigo —dijo riendo, mientras apretaba el objeto de sus manos con más presión—. ¿Querido?, tu hija quiere verte.
Mi madre con sus manos temblorosas lentamente descubrió con la sábana lo que cubría el objeto de su deseo. Era la cabeza de mi padre, la cual parecía haber sido vilmente mutilada. El verla causó un impacto inmediato en mi estómago, provocando que vomitase. Los ojos de mi padre seguían abiertos, sus párpados parecían estar unidos a sus cejas con una especie de pinza y de igual manera las comisuras de sus labios unidas a las mejillas formando una sonrisa, una gran sonrisa.
—¿Ves? Tu papi está feliz de verte, cariño. Antes siempre estaba serio —dijo mirando fijamente hacia abajo, pensativa. De pronto volteó hacia mí, con una sonrisa tan exagerada y escalofriante que no me permitía seguir mirándola—. Quizás también deba hacer algo contigo para que estés siempre feliz…
Se acercó lentamente a mí, aún con mi padre entre sus dedos. Quería gritar, pero algo me lo impedía. Quería salir corriendo de allí pero no podía moverme. Siempre que se encontraba la persona de mis sueños a centímetros de mí, siempre y sólo en ese instante, despertaba.
Los escenarios y las personas en mis pesadillas cambiaban frecuentemente. Como la vez que soñé que mi vecina dividía en dos a su perro con sus propias manos, o cuando la llorona amiga estrangulaba a Danielle. Todas las personas que conocía aparecían haciendo cosas a las que en la vida real nunca se atreverían, para luego acercarse a mí y querer hacer lo mismo conmigo.
Y sin importar los escenarios, las personas o las situaciones en las que me encontrase, siempre despertaba con las uñas manchadas de sangre.
Las voces en mi cabeza también comenzaban a dominar la situación. Había varias, y siempre me decían que hiciese cosas, que de esa manera «todo acabaría». Pero había una voz, una de todas las que escuchaba, que parecía la dominante. Parecía conocer mis debilidades, aquello que me hacía daño, aquello que me molestaba escuchar. Siempre lograba salir en los momentos en que menos la necesitaba. Su voz tan irritante me hacía gritar para que cesase. Aunque también sabía cuándo cerrar la boca: sabía que cuando la oscuridad se apoderaba de mí alrededor, era cuando no debía ser escuchada. Porque en ese momento en el que el temor entraba por voluntad propia, ella no debía ni intervenir.
«Todo estará bien. Sólo hazlo».
Ahí estaba de nuevo.
—¿Alice, me escuchas? ¿Alice? ¡Alice! —sentí una huesuda mano en mi hombro y, por reflejo, volteé asustada, despertando de mis pensamientos—. Llevo media hora parada a un lado tuyo. ¿Estás bien?
—Estoy… bien… —musité mientras seguía pasmada en mis pensamientos. Miré con el rabillo de mi ojo a Meredith, la cual seguía detrás de mí, parada con las manos unidas frente a ella. Su mirada juzgadora parecía leer cada parte de mi cuerpo, y eso me aterraba. ¿Habrá descubierto todo lo que he soñado? No, imposible. Sólo es una psicóloga novata. Ni siquiera ellos pueden leer la mente de las personas, incluso aunque se hayan especializado para creer lograrlo. Lo único que parecían hacer sus consultas era recordarme aquellos sueños, en lugar de hacerme olvidarlos.
Miré atentamente cómo levantó una ceja, intentando leer mis acciones.
«Esto es un sueño, ¿no lo comprendes? Mira su rostro, pronto; cuando te descuides, intentará matarte».
¿Un sueño? Ahora que lo pensaba no recordaba haberme levantado, pero me parecía poco probable que todo esto lo hubiese imaginado. Comencé a temblar. Mis manos se volvieron torpes y desde el reflejo de la ventana, su rostro aparentaba conocer lo que pasaba.
—Alice, ¿te encuentras…?
Antes de que pudiese terminar la frase, esquivé su cuerpo, me situé tras el sillón donde antes estaba y dejé mi cabeza visible para ver qué intentaría hacer. Curvó sus cejas y meneó la cabeza. Quizás esto realmente era un sueño… o mejor dicho, una pesadilla. ¿Despertaré cuando ella se encuentre a centímetros de mí, intentando asesinarme?
Mi respiración se hizo acelerada y una risa se liberó en mi cabeza; se divertía, parecía disfrutar mi sufrimiento. Me encontraba confundida y ella ignoraba mis gritos ahogados de ayuda.
El «tic-tac» del reloj pasó a primer plano y la voz de Meredith se escuchaba poco a poco menos.
«Intentará matarte, tú lo sabes, ¿dejarás que esta vez logre su cometido?».
—No… —pude lograr musitar. Respiré entrecortado y la miré a los ojos, desconfiada.
—¿No, qué? —preguntó.
Comencé a morder mi labio inferior con desesperación. Aun cuando comencé a sentir el sabor metálico en mi garganta por tal acción, no me detuve. ¿Esto era realmente un sueño? ¿Por qué aparentaba ser tan real entonces? Tragué la sangre que sentía en mi boca y me puse en pie, decidida.
—Alice, parece que la muerte de Danielle empezó a afectarte de una manera no pronosticada, déjame ayudarte a…
—¡Ella no está muerta! —grité horrorizada, mientras comenzaba a apretar la parte de arriba del sillón que se encontraba en mis manos. Comencé a escuchar los «tic-tac» del reloj más acelerados de lo que normalmente se escuchaban e invadieron por completo mi cabeza. Me hinqué ante tal acción y con desesperación cubrí mis orejas con mis manos, intentando pararlos.
—No —empecé a musitar—… esto es sólo un sueño… Ella no…
«¿Es realmente un sueño, Alice?».
Su risa chillona se escuchaba en mi cabeza haciendo eco con las otras voces. Todas parecían unirse como si de una fiesta se tratase; una fiesta donde mi cordura estaba en juego.
Comencé a respirar mucho más aceleradamente de lo que, incluso en mis sueños, sucedía.
Si esto en realidad era uno de mis sueños, podía jurar que era el peor de todos, y todavía no sucedía la parte donde intentaban asesinarme. Corrí hacia la ventana y miré hacia Meredith, furiosa.
—¿Pero qué estás…?
El dolor punzante que sentí al romper el vidrio era peor de lo que hubiese imaginado. La sangre comenzó a recorrer de mi mano a mi brazo izquierdo lentamente mientras manchaba parte de la manga de mi blusa, la cual, ahora con el pulso un poco tembloroso, remangué. Alcé la mirada lentamente y Meredith comenzó a buscar frenéticamente algo entre los cajones de su escritorio, mientras sacaba con desesperación algo de su bolsa. No captaba del todo lo que estaba diciendo, pero lucía asustada.
Quité mi puño de la ventana y pequeños, pero diminutos trozos de vidrio se quedaron. Al parecer no había sido lo suficientemente doloroso como para despertarme, pero el ardor no cesaba.
Busqué con la mirada el sujeto de mi alucinación, pero la sala se encontraba de nuevo vacía; caminé lentamente hacia la puerta, pero unas huesudas y ya conocidas manos cubrieron mi cuello. Tal acción me sobresaltó, y tragué saliva lentamente, intentando no alterarme. ¿Dónde estaba aquella voz de mi cabeza? La necesitaba ahora más que nunca, tenía que haber algo que me dijese que esto era un sueño.
Giré mi cabeza lo más que pude y se me permitía y su rostro se encontró con el mío, sonriendo exageradamente, y más de lo que hubiese imaginado. La observé atentamente y su rostro comenzó a lucir familiar en mi mente. Sus ojos, sin pestañas, estaban irritados. Aquellas facciones estaba segura de haberlas visto en otro lado, pero sus dedos comenzaron a encajar tanto en mi cuello que llegué a creer que todo era coincidencia.
Soltó mi cuello y rápidamente me alejé de ella. Lucía diez años más vieja que antes, su ropa y su cabello lucían desgastados, frágiles e incluso parecía que se podían romper al tacto. A cada paso que me alejaba, ella se acercaba uno a mí. ¿Qué había sucedido con ella?
—Estoy soñando —respondí, poco convencida, pero su rostro no se había inmutado ante tal respuesta.
—¿Es realmente un sueño, Alice? —Esa voz, aquella chillona voz que sólo escuchaba en mi cabeza, ahora era emitida por Meredith. Sonrió mirándome a los ojos, deseosa de que fallase, deseosa de ganar. Su sonrisa era brillante, pero en las puntas de sus afilados dientes había manchas oscuras color carmesí. Intenté ignorarlas.
—Siempre sucede lo mismo; en cuanto estés a centímetros de mí, intentando matarme, despertaré, ¿no es cierto? —respondí, con la respiración un poco acelerada, tratando de convencerme más a mí misma que a ella.
—¿Es realmente un sueño, Alice? —volvió a preguntar.
Sin darme cuenta, ahora se encontraba más cerca de mí.
Comencé a gritar. Grité tan fuerte como me era posible, pero ningún sonido se emitió de mi boca. Mis pies tampoco se movían; parecían estáticos y sin vida. En mis ojos se reproducían aquellas pesadillas que tanto odiaba, y todo el dolor que se había propagado en tales sueños se redirigía a mi cuerpo. Sentí lágrimas recorriendo lentamente mis mejillas. Escuché atentamente cómo los latidos de mi corazón aceleraron una vez más su ritmo y cerré los ojos.
Las comisuras de mis labios se elevaban, como si lo disfrutase, mientras el dolor se incrementaba en mi cuerpo. Ya no controlaba mis propios movimientos corporales y el dolor parecía inaguantable.
Tallé mis ojos y respiré hondo. Los abrí de nuevo y la sala se encontraba completamente vacía.
Miré mis manos y ambas estaban manchadas de sangre.
Redirigí mi vista, ya cansada, hacia la esquina de la habitación, y mi cuerpo se heló por completo.
—Dulces sueños —susurró, y mi vista se apagó dejando todo a mi alrededor negro y con olor a sangre.
—Danielle…

Unidas Por Siempre


Fuente: http://creepypastas.com/ 

Me había ido a celebrar los quince años de una amiga, mientras que mi hermana se quedó a dormir en la casa de una de sus amigas. La fiesta fue de lo mejor, ¡nos divertimos como nunca! Hasta que llegó el momento que tomé en exceso alcohol y quedé mal de la cabeza. Pregunté a mi amiga que si podía retirarme en consecuencia de mi malestar y me lo permitió sin problema.
Al llegar a mi casa noté que no estaban mis padres, no me pareció raro. Seguro tuvieron una reunión importante o salieron a alguna parte, de todos modos, eso no me preocupaba mucho.
Después de un rato de estar viendo tele, algo que había mostrado ser relajante para mí en estas situaciones, escucho abrir la puerta; era mi madre y mi padre. Se miraban angustiados, mi madre me abraza de inmediato y me parece escucharlos hablar; parecía importante, pero no entendía nada. Caí inconsciente luego de poco, seguramente por mi “borrachera”.
Al amanecer estoy en mi cuarto, mi hermana me despertó diciéndome: “Despierta dormilona”, típico de ella. Le mandé al carajo y me fui a desayunar. Tenía la intención de ocupar el baño, pero mi madre se me había adelantado. Es raro, pero creo que le escuché sollozar.
Me preparé cereal y dispuse a ver tele, todavía me sentía mareada.
Durante los comerciales escuché un llanto profundo, que seguí quedando frente al cuarto de mi hermana. Al entrar, la vi tirada en el piso llorando y le pregunté qué le pasaba, preocupada. “Hermana, te quiero mucho” me dijo, y abrazó, “Recuerda que puedes contar conmigo para lo que sea” yo asentí y ella se echó a llorar de nuevo, me pidió que le diera un momento; al parecer no quería contarme que pasaba. Totalmente confundida fui por mi madre que ahora estaba en la cocina, sin más le pregunté que pasaba con mi hermana que estaba en su habitación llorando. Ella abrió totalmente sus ojos y me miró atónita “¿De qué diablos estás hablando?” Me responde, y entre lágrimas continúa “Hija, tu hermana fue asesinada cuando iba a la casa de su amiga, te lo dije ayer cuando estabas viendo la tele, ¿no recuerdas?”

El contrato del espejo


Fuente: http://creepypastas.com/ 

Esto es un contrato.
Si firmas este contrato, podrás hacer realidad todo lo que desees. (Siempre y cuando no contradiga las clausulas del contrato)
Firmar el contrato supone un ligero esfuerzo, no basta con estampar tu firma en un papel. Este contrato es algo distinto.
Los pasos para poder cerrar el trato y hacer realidad todos tus deseos son los siguientes:
Para empezar, espera a que anochezca. Una vez que esté todo completamente a oscuras en tu casa, ponte delante lo un espejo. No debe haber ninguna luz encendida. Una vez de cara al espejo, cierra los ojos. Quédate en silencio. Espera con los ojos cerrados durante 10 segundos. Si han pasado menos de 5 segundos y abres los ojos, te podrás echar atrás. Pero si han pasado más de 5 segundos y se te ocurre abrir los ojos, te quedarás ciego.
Durante la cuenta oirás unos pasos que se acercan hacia ti, pero no te asustes, mientras mantengas los ojos cerrados no te pasará nada.
Una vez pasen los 10 segundos la luz se encenderá, y cuando a través de tus párpados pases de percibir negro a ver un ligero tono rojo a través de tus párpados, abre los ojos.
Verás un ser en el espejo. Será aterrador para ti, pero él está dispuesto a escucharte.
Controla tu miedo, si sales corriendo él te perseguirá.
Cuando estéis cara a cara, el ser sacará su mano por el espejo. Estréchala y el trato se cerrará.
A partir de entonces, todo deseo que pidas en voz alta se cumplirá.
Pero debes saber que a partir de entonces, el ser del espejo te seguirá a todas partes hasta el día de tu muerte.
Vayas a donde vayas él te seguirá, siempre pegado a ti, perturbándote. No volverás a dormir, él estará a tu lado, no te dejará. No podrás volver a mirarte delante de un espejo, porque le seguirás viendo a él.
Por cada deseo que pidas tu vida se acortará tu vista y tu percepción se irán trastornando y deformándose. El mundo cambiará, la gente que conoces cambiará para ti. Oirás ruidos perturbadores, todo lo que antes te gustaba se volverá monstruoso muy poco a poco. No volverás a ver las cosas de la misma manera.
Pero siempre puedes solucionar esto.
Si quieres acabar con el contrato espera a que anochezca y ponte delante del espejo. Cierra los ojos y si los abres antes de haber pasado 5 segundos, ya no volverás a ver, y todo lo que te perturbaba, desaparecerá.
Ahora que lo has leído deberás aceptar el trato obligatoriamente. Si en 48 horas no has firmado el contrato, no vuelvas a darle la espalda a un espejo, por tu bien.
¿Te atreves a firmar el contrato?

¿Bajas?


Fuente: http://creepypastas.com/ 

—Bueno, mañana nos vemos.
—Sí, a las 2 de la tarde.
—A las 2 de la tarde, ¡en punto!
—Prometo no olvidarlo —dice tu novio entre risas, y se despide con una sonrisa en rostro.
Entrando al edificio de departamentos donde vives, buscas al recepcionista con tu mirada, pero no le encuentras. Seguramente se fue a cenar en la bodega otra vez dejando desatendido el lugar, ya le aseguraron que si continúa así lo acabarán despidiendo, y todavía no aprende. Niegas con la cabeza y caminas al elevador, presionas el botón que llama al de la derecha; cuentas 8 segundos hasta que llega y te abre sus puertas. Para tu sorpresa lo hallas congestionado de personas: un niño acompañado de su madre, una joven vestida con el uniforme del instituto que está a pocos kilómetros de tu edificio, dos ancianos y un hombre en saco; todos con una expresión bastante melancólica, y todos alzan su mirada a ti. No sabes qué decirles, o si tan siquiera deberías decirles algo.
—¿Uh…? Niña, ¿vas a bajar? —pregunta la anciana, arqueando la ceja.
Apenas atinas a decir un débil “No”.
—Bien —oprime un botón, el elevador cierra, y prosigue a bajar.
Te asomas por la rendija y ves cómo lo hace. Lo más curioso es, que en tu edificio, no hay más pisos bajo el lobby…

¿Qué clase de brujería es ésta? (No lo leas)


Fuente: http://creepypastas.com/ 

Debes creerme. Tengo que darte un consejo y tú debes seguirlo sin preguntar: debes dejar de leer esto y pasar directamente hasta el último párrafo. Hazlo sin leer cualquier otro párrafo, y hazlo ahora. Por favor… confía en mí.
Lo que ocurra ahora es completamente tu culpa. Fallaste la prueba y ahora estás en peligro. Yo no quería escribir esto, Ellos me hacen es escribirlo. Mis dedos están sobre el teclado, y tus ojos en estas palabras. Pase lo que pase, no mires hacia otro lado que no sean estas palabras. Continúa leyendo hasta que yo diga lo contrario. Y cuando te diga lo contrario, haz exactamente lo que diga. Porque si no lees esto exactamente como te estoy diciendo, morirás. Escucha cuidadosamente. Primero, debes saltarte el párrafo que le sigue a éste. Sin importar lo que hagas, nunca debes leer el párrafo continuo a éste. Debes ignorarlo completamente, evitando que tus ojos bajen hasta el párrafo que le sigue a éste. Prométemelo. Por el bien de los que te aprecian. Ésta es tu única oportunidad para redimirte por no haber confiado en mí hace un momento. Sáltate el párrafo continuo a éste, y haz lo que se te pida.
El párrafo prohibido: Tenías que hacerlo, ¿no? Ellos sabían que lo harías. Nada de lo que intentes ahora hará alguna diferencia. Si hay personas a las que ames, llámalas. Diles lo que cualquier otra persona diría a sus seres queridos cuando sabe que está a punto de morir. Resuelve cualquier problema. Haz tus últimas labores. Porque desde este momento, te mantendrás con vida sólo hasta que puedas permanecer despierto. La próxima vez que duermas, será la última. Ellos te están mirando. Están escuchando tus pensamientos. Esperarán por ti; y cuando caigas dormido, Ellos vendrán por ti. Debes confiar en mí.
Si te saltaste el párrafo de arriba, lo has hecho bien. Pero tus problemas aún no han terminado. Por haber confiado en mí durante la segunda pregunta, te has dado a ti mismo una oportunidad para vivir. Esto es lo que necesitas saber: Ellos te están mirando. Ellos están escuchando tus pensamientos. Ellos están esperando que cometas un error. Debes extraer la sangre de alguien a quien tú ames. Una gota, eso es todo, y colócala en tu lengua. Eso es lo que Ellos quieren. Es lo que necesitan. Ellos están dentro de ti ahora, y están esperando. Si por alguna razón en el transcurso del siguiente día hasta que caigas dormido no ofreces la sangre de tu ser querido, nunca volverás a levantarte. Sigue esta advertencia. Y nunca, nunca regreses y leas el párrafo prohibido. Confía en mí.
Si seguiste mi advertencia del primer párrafo, bien hecho. Puedes dejar de leer ahora. Pero nunca, nunca te atrevas a regresar y leer los párrafos que te saltaste. Debes confiar en mí. Y por favor, deséame suerte. Estoy cansado. Tan cansado, no te imaginas cuánto…

Nunca más


Fuente: http://creepypastas.com/ 

Tenía diecisiete cuando llegó. Diecisiete largos y dolorosos años de vivir con mi abusiva madre. Fue alrededor de la medianoche, y mi madre ya estaba dormida, así que cuando dieron los tres golpecitos en la entrada principal tuve que ser yo el que contestase. Una niñita de aspecto extraño esperaba del otro lado, con mejillas pálidas y sin color, cabello rubio arreglado en trencitas, un vestido de color rosa con los pliegues algo rotos, pies descalzos y ligeramente azules por el frío de invierno, y ojos negros. Profundos y penetrantes ojos negros. La hice pasar, pensando en lo muy mal vestida que estaba. No fue hasta después que me pregunté por qué no estaba temblado… ni siquiera me había preguntado por qué estaba aquí en primer lugar. La llevé a la sala de estar, envolviéndola en una manta gruesa que mi abuela tejió. La sostuvo, aunque no parecía afectarla, y sonreí.
—¿Cómo te llamas, cariño?
Dejó pasar un largo silencio, durante el cual estuvo mirándome fijamente. Empezaba a sentirme incómodo por su oscura mirada, cuando abrió los labios y habló en voz baja.
—Lacy Morgan.
Asentí con la cabeza, sonriendo de nuevo.
—Puedes quedarte aquí por hoy, Lacy —le dije, señalando el sofá. Se acurrucó, con sus ojos negros todavía en mí, y regresé a mi habitación. Esa noche dormí profundamente, sin preocuparme de los maltratos de mi madre o de la extraña niña en mi sofá.
Cuando llegó la mañana y caminaba hacia la cocina, fui recibido por una taza de café presionada contra mi hombro. Di un leve grito de dolor, mirando a mi madre.
—¿Qué diablos has hecho? ¡¿Por qué el sofá está así de sucio?! —gritó ella, confundiéndome sobremanera. Tras dar un vistazo a la sala de estar, me di cuenta de que Lacy se había ido, y la única prueba de que estuvo aquí era la mugre de probablemente sus pies o vestido. Me hice responsable, ganándome un fuerte golpe en la mejilla, y luego me fui a la escuela. Estando ahí escuché algo que me produjo escalofríos.
«Lacy Morgan fue hallada muerta ayer por la noche».
Pasé el día a la expectativa de oír más noticias sobre el tema, pero no las hubo. Al llegar a casa, sin embargo, estaban dando un reportaje de ello por la televisión.
«Lacy Morgan, de seis años de edad, fue declarada muerta ayer a las siete de la noche. Su cuerpo fue localizado en el patio trasero de su casa, enterrado allí con su vestido rosa. Aún no ha habido señal de su madre, Marrisa Morgan, quien es sospechosa de ser la asesina en vista de su historial de abusos para con su hija».
De repente, una foto de Lacy apareció en la pantalla. Lucía muy similar a cuando la conocí, su cabello rubio en trenzas, vestido rosado, cara pálida… Sólo que, sus mejillas tenían más color, y sus ojos eran celestes. Para muchos esto podría no ser muy importante, pero para mí lo era. Ella murió antes de llegar a mi casa. Murió horas antes. Traté de ignorarlo, yendo directamente a mi habitación a hacer mis deberes. Ese día me fui a la cama temprano para no tener que ver a mi madre. Fue alrededor de la medianoche cuando me desperté ante el contacto de dedos fríos acariciando el moretón en mi mejilla. Suspiré, apoyándome en la pequeña mano.
—Nunca más —murmuró Lacy, antes de que su mano desapareciese. Diez minutos más tarde escuché a mi madre gritar. Corrí hacia su habitación, casi desmayándome por lo que veía.
Mi madre se sacudía violentamente en la cama; una pequeña criatura había enterrado su rostro en el pecho de ella. Podía oír el desgarro de la carne, y los gritos de mi madre acrecentando su volumen. Deseé no haber despertado. Me hice creer que no lo había hecho. Pero lo hice. Por lo que, cuando Lacy se retiró del enorme agujero en la cavidad torácica de mi madre, tuve una vista excelente de sus afilados dientes, brillando en la oscuridad. Brillando embarrados de la sangre de mi madre. Me sonrió inocentemente por un momento, antes de arrancar rápidamente la yugular de mi madre. Esa vez me desmayé.
Cuando volví en mí, me encontraba en mi cama. Me dirigí al cuarto de mi madre impulsado por una curiosidad morbosa. Después de abrir la puerta, noté que el cuarto estaba vacío; la cama hecha con esmero, como si mi madre se hubiese ido a trabajar más temprano. Las únicas rarezas eran sucias huellas de pequeñas pisadas, y la ventana abierta, demostrándome que Lacy había estado aquí realmente. Nunca vi a mi madre de nuevo, y nunca la extrañé tampoco. Eventualmente me casé, y tuvimos una niña juntos. La llamé Lacy.
Recientemente, he notado que la hija de los vecinos tiene todo tipo de cicatrices y moretones en sus brazos. He estado pendiente de la actividad en su casa, y el otro día vi algo raro: una pequeña niña corriendo descalza por el patio trasero. Fue alrededor de la medianoche, así que no puedo estar muy seguro, pero creo que me miró con sus enormes ojos negros. Y podría jurar que articuló dos palabras en mi dirección.
Nunca más.

Obra maestra


 Fuente: http://www.leyendas-urbanas.com/


He estado acostado por horas ya. Son las 5:35 a.m. y no hay mucho que pueda hacer. ¿Saben cuál es la peor parte de mi situación? Estoy en el mismo cuarto que mis padres. Aún me ven, y no puedo hacer más que devolverles la mirada y tratar de no gritar. Sus ojos están concentrados en mí y sus bocas totalmente abiertas. Hay un fuerte hedor a sangre y me siento paralizado con terror.
….. Aquí está el problema. A la primera sugerencia de que no sigo dormido, estaré completamente arruinado. Será mi muerte y no habrá nadie para salvarme de ello. He intentado pensar en alguna salida, pero la única idea que tengo es correr a la puerta y huir gritando por ayuda, con la esperanza de que algún vecino me oiga. Es riesgoso, aunque si me quedo aquí, es seguro que moriré. Él está esperando a que despierte y vea su obra maestra.
….. Seguro se preguntarán qué esta sucediendo, tiendo a apresurarme a los hechos algunas veces.
….. Hace alrededor de 3 horas, escuché un grito del otro lado de la casa. Me levanté y fui a revisar de dónde provenía, cuando me di cuenta que debía ir al baño. En vez de hacer lo inteligente y continuar investigando, fui al baño. Había sangre en la alfombra. Me preocupé mucho y corrí de vuelta a mi cuarto, escondiéndome bajo las sábanas como el cobarde que era. Traté de obligarme a volver a dormir, que aquello sólo era un sueño muy vívido.
….. Pero escuché la puerta de mi cuarto abrirse. Como un niño aterrorizado, di un vistazo por abajo de las sábanas para ver qué estaba ocurriendo. Pude ver algo arrastrando los cuerpos de mis padres dentro de la habitación. No era humano, eso les puede asegurar. No tenía pelo; sin ojos y sin ropa, se paseaba como un cavernario, con su espalda encorvada en lo que movía a mis padres. Pero esta cosa era más inteligente que cualquier cavernícola. Estaba consciente de lo que hacía.
….. Dejó a mi padre al pie de la cama con su cabeza sobresaliendo de una orilla, viendo en dirección mía. Después sentó a mi madre en una silla apuntando de igual manera hacia mí. Empezó a frotar sus manos contra la pared manchándola de sangre y luego trazó un círculo con el pentagrama del demonio en él. Esta cosa había hecho lo que probablemente llamarían una pieza de arte. Para terminarla, dejó un mensaje en la pared que no podía leer en la oscuridad.
….. Se colocó debajo de la cama esperando hacer su siguiente movimiento; ha estado ahí desde entonces.
….. Lo que más me aterra en estos momentos, es que mis ojos se ajustaron a la oscuridad desde que eso ocurrió, y puedo leer el mensaje en la pared. No quiero verlo, porque es atemorizante pensar en ello. Pero siento la necesidad hacerlo, antes de morir.
….. Echo un vistazo a la obra maestra  de la criatura…,
…..“Sé que estás despierto”.

Casi humano


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Despertó al oír el clic de la puerta cerrándose.
Era medianoche: la luna brillaba fantasmagóricamente en el cenit de los cielos y todos descansaban con tranquilidad en sus hogares. Todos excepto el pequeño Will, que miraba desorbitado a la inexorable oscuridad, con la gigante camiseta de los Yankees transpirada, y el corazón acelerado a punto de catapultarse de su pecho.
La habitación era un completo manto negro y sordo de misterios. La luz del pasillo, que se encendía para su tranquilidad, había quedado atrás cuando la puerta se cerró. No lograba oír casi nada: ni al gato de su abuela merodeando en la noche, ni a las ventanas zumbando por el fuerte viento de diciembre. Sólo alcanzó a percatar, aguzando el oído con esfuerzo, un leve crujido, como el de ramitas quebrándose bajo una pisada, que se repetía persistentemente.
Trac, trac, trac. Trac, trac, trac.
Con movimientos ágiles se destapó, empujando con las dos piernas la pesada manta de lana. Necesitaba sentirse libre para alcanzar el velador junto a su cama y encenderlo rápidamente, sin tener que prestar su diminuta mano a la incertidumbre de la oscuridad.
Se estiró hasta palpar con la yema de los dedos un pompón peludo, y más arriba comprobar que estaba unido al cordón que accionaba el velador.
Trac, trac, trac. Trac, trac, tr
El traqueteo se detuvo inesperadamente, paralizando a Will a punto de encender la luz, en medio de la hambrienta penumbra.
—Shhhhh —chitó una voz frágil y arenosa.
Soltó el cordón aterrado y giró hacia la misteriosa voz que provenía desde sus espaldas. Buscó bultos y formas en la negrura, pero todo se veía igual de llano y azabache.
—¡Shhhhh! —repitió la enigmática presencia con más violencia y autoridad.
Will abrazó con fuerza la almohada y se entregó por completo al pánico: en su mente sólo se dibujaba la imagen de su mamá entrando a la habitación. Las lágrimas no tardaron en estallar su angustia silenciada.
—Shhhhh. No llores maricón —dijo amenazante, y agregó—: Soy la abuela, Will, duérmete ya. Mamá llegará cuando amanezca.
Y repentinamente todo tuvo sentido. Imaginó a la anciana, con los ojos cerrados bajo sus  gruesos lentes, dormitándose con los movimientos placenteros de la mecedora, esperando  que su nieto pudiera conciliar el sueño en su primera noche lejos de casa.
El corazón fue disminuyendo sus latidos y la oscuridad siniestra fue transformándose en un velo plácido de sueños. La almohada que enjuagó sus lágrimas ahora era morada de fantasías intrusivas.
«La abuela me vio llorar. ¡Qué ridículo s…».
«La abuela me vio».
«¿Cómo pudo verm…», pensó el pequeño Will espantado.
Con desesperación tiró zarpazos al aire hasta encontrar el cordón que encendió la mortecina luz del velador.
El cuarto se iluminó: dos ojos verdes brillaban como piedras preciosas. El gato de la abuela miraba a Will con cierta complicidad bromista desde la mecedora.
Abrió apresuradamente la boca y desenrolló una gran lengua áspera y amoratada, la lengua de la abuela. Una bola pegajosa de cabellos blancos salió despedida desde la garganta del animal hacia la falda del niño.
—Dije que duermas, maricón —dijo el gato enfurecido y rió humanamente antes de desaparecer en las sombras.

Una niña perversa


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Esta tarde empujé a Arturo a la fuente. Cayó en ella y se puso a hacer gluglú con la boca, pero también gritaba y fue oído. Papá y mamá llegaron corriendo. Mamá lloraba porque creía que Arturo se había ahogado. Pero no era así. Ha venido el doctor. Arturo está ahora muy bien. Ha pedido pastel de mermelada y mamá se lo ha dado. Sin embargo, eran las siete, casi hora de acostarse, cuando pidió pastel, y a pesar de eso mamá se lo dio. Arturo estaba muy contento y orgulloso. Todo el mundo le hacía preguntas. Mamá le preguntó cómo había podido caerse, si se había resbalado, y Arturo ha dicho que sí, que se tropezó. Es gentil que haya dicho eso, pero yo sigo detestándolo y volveré a hacerlo en la primera ocasión.
Por lo demás. si no ha dicho que lo empujé yo, quizá sea sencillamente porque sabe muy bien que a mamá le horrorizan las delaciones. El otro día, cuando le apreté el cuello con la cuerda de saltar y se fue a quejar con mamá diciendo: “Elena me ha hecho esto”, mamá le ha dado una terrible palmada y le ha dicho: “¡No vuelvas a hacer una cosa así!” Y cuando llegó papá ella se lo ha contado y papá también se puso furioso. Arturo se quedó sin postre. Por eso comprendió, y esta vez, como no ha dicho nada, le han dado pastel de mermelada. Me gusta enormemente el pastel de mermelada: se lo he pedido a mamá yo también, tres veces, pero ella ha puesto cara de no oirme. ¿Sospechará que yo fui la que empujó a Arturo?
Antes, yo era buena con Arturo, porque mamá y papá me festejaban tanto como a él. Cuando él tenía un auto nuevo, yo tenía una muñeca, y no le hubieran dado pastel sin darme a mí. Pero desde hace un mes, papá y mamá han cambiado completamente conmigo. Todo es para Arturo. A cada momento le hacen regalos. Con esto no mejora su carácter. Siempre ha sido un poco caprichoso, pero ahora es detestable. Sin parar está pidiendo esto y lo otro. Y mamá cede casi siempre. A decir verdad, creo que en todo un mes solo lo han regañado el día de la cuerda de saltar, y lo raro es que esta vez no era culpa suya.
Me pregunto por qué papá y mamá, que me querían tanto, han dejado de repente de interesarse en mí. Parece que ya no soy su niñita. Cuando beso a mamá, ella no sonríe. Papá tampoco. Cuando van a pasear, voy con ellos, pero continúan desinteresándose de mí. Puedo jugar junto a la fuente lo que quiera. Les da igual. Sólo Arturo es gentil conmigo de cuando en cuando, pero a veces se niega a jugar conmigo. Le pregunté el otro día por qué mamá se había vuelto así conmigo. Yo no quería hablarle del asunto, pero no pude evitarlo. Me ha mirado desde arriba, con ese aire burlón que toma adrede para hacerme rabiar, y me ha dicho que era porque mamá no quiere oir hablar de mí. Le dije que no era verdad. Él me dijo que sí, que había oído a mamá decirle eso a papá y que le ha dicho: “No quiero oír hablar nunca de ella.” Ese fue el día que le apreté el cuello con la cuerda. Después de eso, yo estaba tan furiosa, a pesar de la palamada que él había recibido, que fui a su recámara y le dije que lo mataría.
Esta tarde me ha dicho que mamá, papá y él iban a ir al mar, y que yo no iría. Se rió y me hizo muecas. Entonces lo empujé a la fuente.
Ahora duerme y papá y mamá también. Dentro de un momento iré a su recámara y esta vez no tendrá tiempo de gritar, tengo la cuerda de saltar en las manos. Él la olvidó en el jardín y yo la tomé.
Con esto, se verán obligados a ir al mar sin él. Y luego me iré a acostar sola, al fondo de ese maldito jardín, en esa horrible caja blanca en la que me obligan a dormir desde hace un mes.

La Casa Sin Fin


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Permítanme comenzar diciendo que Peter Terry era adicto a la heroína.
…….Fuimos amigos en la universidad y lo seguimos siendo después de graduarme. Nótese que dije «graduarme». Él se retiró luego de dos años de esfuerzo mínimo. Tras pasar de los dormitorios en la universidad a un pequeño apartamento, no frecuentamos tanto. Hablábamos en línea de vez en cuando (AIM era líder en los años previos a Facebook). Hubo un periodo que no estuvo en línea por cerca de cinco semanas consecutivas. No me preocupó. Era un completo vago y adicto a las drogas, por lo que asumí que sencillamente le dejó de interesar. Pero una noche le vi entrar de la nada. Antes de poder iniciar una conversación, me envió un mensaje:
…….«David, hombre, tenemos que hablar».
…….Entonces me contó de La Casa Sin Fin. Obtuvo ese nombre porque nadie había nunca llegado a la salida. Las reglas eran simples y cliché: alcanza el último cuarto del edificio y gana quinientos dólares, nueve cuartos en total. Estaba ubicada fuera de la ciudad, a unos seis kilómetros y medio de mi casa. Al parecer, él lo había intentado y fracasado. Supuse que su intoxicada mente exageró la situación y salió huyendo por algún fantasma de papel o semejante. Me dijo que sería demasiado para cualquiera, era antinatural. Yo no le creí; ¿por qué lo haría? Le dije que echaría un vistazo la noche siguiente, y no importaba lo mucho que tratara de convencerme de lo contrario, quinientos dólares sonaba muy bueno como para ser cierto. Partí el día siguiente. Esto es lo que pasó.
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…….Al llegar y asimilar mi primera impresión del local… ¿alguna vez han visto o leído algo que no debería causar pavor, pero que por alguna razón un escalofrío se arrastra por tu cuerpo? Caminaba hacia el edificio, y la sensación de malestar se intensificó conforme abría la puerta principal.
…….Mi corazón se desaceleró y solté un suspiro de alivio cuando entré. El lugar se veía como el vestíbulo de un hotel cualquiera decorado para Halloween. Un letrero remplazaba al recepcionista, decía: «Habitación 1 por aquí. 8 más le siguen. ¡Llega hasta el final y ganas!». Me reí e hice mi camino a la primera puerta.
…….El área era una burla. La decoración te recordaba la sección de Halloween de un mini-súper, con fantasmas de tela y zombis animados que te gruñían al caminar a su lado. En el otro extremo estaba la salida, la única puerta además de la que usé para entrar. Caminé a través de las telarañas de juguete hacia la segunda habitación.
…….Fui recibido por niebla cuando abrí la puerta; sin duda hubo un avance en términos de tecnología. No sólo había una máquina de humo, sino también un murciélago colgado del techo y volando en círculos. Parecían tener una banda sonora de terror barata reproduciendo desde algún punto de la habitación.  No vi un equipo de música, pero supuse que debían haber utilizado un sistema de megafonía. Pasé por encima de unas cuantas ratas a cuerda y me fui con el pecho en alto a la siguiente zona.
…….En la tercera habitación es cuando las cosas empezaron a cambiar.
…….Superficialmente, no podías ver nada fuera de lo ordinario. Había una silla en el medio del piso tapizado con fina madera, una sola lámpara en la esquina hacía un pobre trabajo iluminando el lugar, y proyectaba algunas sombras en el piso y paredes. Ése era el problema. Sombras. Dejando fuera la de silla, había otras. Fue al momento que supe que algo no estaba bien. Ni siquiera pensé mientras automáticamente intentaba abrir la puerta por la que vine… Estaba asegurada desde el otro lado.
…….Aquello me desconcertó, ¿alguien las aseguraba a medida que progresaba? No, no había manera. Le habría escuchado. ¿Un seguro mecánico? Quizá. Pero estaba demasiado asustado como para pensar realmente. Me volví al frente de la habitación y las sombras se habían ido. La sombra de la silla se mantuvo, pero las demás se habían ido. Lentamente empecé a caminar. Solía alucinar cuando era un niño, así que atribuí a ello lo ocurrido. Me sentí mejor al seguir el trayecto, revisé abajo por obstáculos, y ahí fue cuando lo vi. O no lo vi. Mi sombra no estaba. No tuve tiempo de gritar; corrí tan rápido como pude a la otra puerta y me adentré a la cuarta habitación sin pensar en lo que podría contener.
…….Ésta fue posiblemente la más inquietante. Cuando cerré la puerta, toda la luz pareció ser succionada y puesta de vuelta en la habitación anterior. Me quedé ahí, envuelto en la oscuridad, sin poder moverme. No le temo a la oscuridad, nunca le he temido, pero estaba aterrado. Toda visibilidad me había abandonado. Sostuve mi mano frente a mi rostro y de no saber que le había ordenado a mi cuerpo tal cosa nunca habría sido capaz de darme cuenta. Oscuridad no lo describe. No podía escuchar nada, era un silencio inerte. Cuando estás en una habitación a prueba de sonido, aún puedes escucharte respirar. Puedes escucharte estando vivo… yo no podía. Comencé a empujarme hacia adelante, mi corazón palpitando agitadamente era lo único que podía sentir. No parecía haber una puerta del otro lado, no estaba seguro de que hubiese una esta vez. El silencio fue entonces roto por un leve zumbido.
…….Me giré violentamente al sentirlo detrás mío, pero no podía siquiera ver mi nariz. De cualquier forma, sabía que algo había ahí. El zumbido se acrecentó, más fuerte, más cercano. Di un paso atrás, nunca había experimentado esa clase de miedo. Realmente no puedo describirlo. No temía morir, temía las alternativas. Las luces parpadearon durante menos de un segundo y lo vi. Nada. La habitación estaba de nuevo inmersa en tinieblas y el zumbido era ya un chirrido salvaje. No podía seguir con ese sonido maldito durante otro minuto. Corrí hacia atrás, lejos del ruido, hasta llegar al otro extremo; al dar con la perilla de la puerta la giré y caí a la siguiente habitación.
…….Antes de que detalle la quinta habitación deben de tener claro algo. Yo no soy un adicto a las drogas. No he tenido historial de abuso de drogas o cualquier tipo de episodios psicóticos fuera de las alucinaciones en mi infancia que mencioné antes, y ésas sólo ocurrían cuando estaba muy cansado o recién despertaba. Entré en La Casa Sin Fin con la mente sana.
…….Después de caer por el cuarto anterior, mi vista de la habitación número cinco era de espaldas, mirando hacia el techo. Lo que vi no me asustó, simplemente me impresionó. Árboles habían crecido en la habitación y se alzaban por encima de mi cabeza. El techo era más alto que en las otras habitaciones, de lo cual pude conjeturar que estaba en el centro de la casa. Me levanté del suelo, sacudí el polvo, y di un vistazo. Fue sin duda la más grande habitación. No llegaba a ver la salida desde donde estaba, varios arbustos y ramas bloqueando mi línea de visión me debieron impedir de ubicar una. Imaginé que a partir de este punto las habitaciones serían más y más aterradoras, pero esto era un paraíso en comparación con la última habitación. También asumí que lo que fuera que estuviera ahí en la cuarta habitación, se quedó en la cuarta habitación. No lo hizo.
…….En lo que me adentraba por el área comencé a escuchar lo que uno escucharía si estuviera en un bosque, el ruido de los insectos y el aleteo ocasional de un ave parecían ser mi única compañía en esta habitación. Eso fue lo que más me molestó. Escuchaba los insectos y otros animales, pero no veía ninguno.
…….Caminé, esperando que tras el siguiente árbol diera con la puerta. Después de unos momentos sentí un mosquito acomodarse en mi brazo. Lo sacudí y seguí andando. Un segundo después, sentí diez mosquitos más volar a mi piel en diferentes lugares. Los sentí arrastrarse de arriba hacia abajo en mis brazos y piernas, y unos pocos bordando mi cara. Hacía un esfuerzo por espantarlos pero seguían viniendo. Cuando vi abajo dejé escapar un grito ahogado. No había un tan solo insecto. Ni un solo mosquito estaba en mi piel, pero podía sentirlos a lo largo de mi cuerpo. Los sentía picarme y los oía volar por mi rostro y alrededor. Me tiré al suelo y comencé a rodar. Estaba desesperado, odio a los insectos, especialmente los que no puedo ver o tocar. Estos mosquitos podían tocarme, y estaban por todas partes.
…….Me puse a gatear. No tenía idea de a dónde iba, la entrada no estaba por ningún lado, y seguía lejos de encontrar la salida. Así que gateé, con mi piel siendo agredida por esos insectos fantasma. Después de un interminable periodo de tiempo di con la sexta puerta. Agarré el árbol más cercano y conseguí ponerme en pie, perdidamente bofeteando mis brazos y piernas en vano. Traté de correr pero no pude, mi cuerpo estaba agotado de arrastrarse y hacerle frente a lo que fuera que tuviera encima. Emprendí algunos pasos tambaleantes hacia la puerta, agarrando cada árbol en el camino para sostenerme. Fue sólo a unos metros de distancia cuando lo escuché. El mismo insistente zumbido de antes. Venía de la habitación siguiente, y era más grave. La sensación de los mosquitos se reducía mientras el zumbido tomaba fuerza. Al poner mi mano en la perilla, los mosquitos desaparecieron, pero no me atreví a girarla. Esperé, con mi cabeza apoyada en la puerta y mi mano en un agarre tembloroso. El zumbido era tan ruidoso que ni siquiera podía oírme pretendiendo reflexionar. Sabía que de soltar la perilla los insectos volverían y no habría forma de que regresara hasta la habitación anterior. No había nada que pudiera hacer sino continuar. La sexta habitación seguía, y la sexta habitación era el Infierno.