Fuente: http://creepypastas.com/
Querida Abby,
Nunca antes nos habíamos conocido, así
que tal vez esto te parezca un poco raro, pero siento que es necesario.
Mi nombre es Jay, para empezar. Trabajo en la caja cinco del
supermercado de la Calle 67 —¿conoces el que tiene un estacionamiento
demasiado grande para la tienda en sí? Ése mismo—. Tengo veinticuatro
años, bastante alto y con un aspecto un poco desaliñado. Probablemente
no me reconocerías si te hablase, no tengo una cara muy memorable. Je,
realmente no sé por qué te estoy diciendo esto si te soy sincero… pero
esta no es la razón por la cual te escribo.
Estaba trabajando hasta tarde ayer, fue
un día normal la mayor parte del tiempo, pero estarías impresionada de
saber lo interesante que este empleo puede ser a veces. Había estado
leyendo un libro que mi compañero de la caja siguiente dejó olvidado.
Una muy mala novela de misterio llena de clichés. Realmente aburrido si
me preguntas. Pero, algo es algo supongo. Cuando te presentaste, sin
embargo, mi noche entera cambió. No sé exactamente qué fue lo que llamó
mi atención de ti, pero cuando te vi sentí una extraña sensación. Una
mezcla entre la excitación y el terror, que sería la mejor manera en la
que puedo describirla. Te vi entrar en mi línea y rápidamente me
incorporé. Fue sólo en lo que te acercabas cuando me di cuenta de eso
que me llamó la atención… eras totalmente hermosa. Te me pusiste en
frente, dijiste «Hola» y me diste tu carrito. Pude notar por la forma en
que hablabas y caminabas que no habías dormido muy bien, aunque no era
extraño teniendo en cuenta la hora. Después de un segundo o dos de
silencio incómodo, me percaté de que me habías saludado, y forcé un
casual «H-Hola» para responderte. Me maldije mentalmente por eso.
Me quedé en mi lugar por un segundo,
tratando de concentrarme. «¿Cuál es tu nombre?», dije. Un poco más tarde
me di cuenta de lo raro que eso te podría haber sonado… Me alegro de
haberlo hecho, de todos modos. Recuerdo que dijiste que te llamabas
Abigail Marrot, pero que podía decirte Abby, ya que era tu nombre de
pila. Abby, parecía encajar tan perfectamente. El nombre pareció rodar
fuera de mi lengua mientras lo repetía en silencio. Era como miel dulce,
se sentía bien con tan sólo decirlo. Parecías perpleja cuando te volví a
ver, y me pregunté si había hecho algo que te hubiese molestado. «¿No
deberías estar empacándolos?», dijiste, y apuntaste hacia los productos
que pensabas comprar. De inmediato, sorprendido y avergonzado, me volteé
en tu dirección y me disculpé, para luego empezar a guardar torpemente
los productos en las bolsas lo más rápido que podía. No lo creía, ¿que
tan estúpido era? Pero cuando vi arriba, me di cuenta de que estabas
riéndote.
«Eres muy lindo», dijiste. Traté de
mantener la compostura, pero estaba obviamente emocionado. «Tú también
lo eres», dije, mientras acababa de llenar las bolsas con los alimentos
que sobraban. A medida que te ibas, te diste la vuelta cuando abrías la
puerta y dijiste «Buenas noches». Me imagino que parezco muy estúpido
escribiendo todas estas cosas, probablemente lo recuerdas, quiero decir,
pasó ayer. Pero me fui a casa estático esa noche y con toda la
confianza del mundo. Siento que es casi irreal, escribiéndolo aquí.
De cualquier forma, quería escribir esta
carta Abby, para decirte que te amo. No sé qué fue lo que sentí esa
noche, fue una mezcla rara de emociones. Pero de lo que estoy seguro es
que en esa pequeña interacción que tuvimos, sentí que había algo entre
nosotros.
Te haré llegar esta carta en breve.
Atentamente, Jay.
Querida Abby,
Ha pasado una semana desde que te mandé
mi carta y todavía no he recibido ninguna respuesta, pero eso no
importa. ¿Cómo has estado? Mi vida ha estado igual de normal que
siempre, levantarse, ir a trabajar, ir a la cama. Vivo en un
departamento de mierda, pero supongo que eso es lo que consigues cuando
trabajas de cajero en un supermercado. Pensé en ti demasiado
últimamente, y a veces me pregunto si sigues recordándome.
Te vi de nuevo hoy en el trabajo, esta
vez a una hora más razonable, por suerte. Viniste a mi línea de nuevo,
lo que me hizo quedar totalmente encantado. Ahora estaba menos nervioso,
iba a actuar normalmente, no importa qué dijeses o hicieses. Mientras
caminabas hacia mí murmuraste algo tan silenciosamente que no pude
entenderlo, y esperaste en el final de la barra a que guardase tus
productos… Esto evidentemente no era lo que esperaba, pero tampoco era
tan malo. De hecho, no parecías sentir nada en absoluto. Estaba
esperando que me hablases o evitases como si tuviese la peste, pero
seguiste tu camino como si yo fuese cualquier extraño. Esto me hace
dudar de si recibiste mi carta, quizá deberías chequear tu buzón más a
menudo.
Poco después de que terminase de empacar
tus cosas, pagaste y caminaste hacia la salida. Claro, éste es un
proceso muy normal para mí ya que lo hago 50 veces al día, pero me había
determinado desde la noche que te escribí mi primera carta a socializar
más contigo la próxima vez que te viese. No estaba satisfecho, tenía
que lograr un progreso. Hay un pequeño cuarto en el extremo izquierdo
opuesto a la entrada del supermercado, designado para el personal. Allí
guardan todo el contenido tomado por las cámaras de seguridad, acerca
del cual el personal hemos sido instruidos en nuestra inducción. Para mi
suerte, hay una cámara situada justo al lado de mi línea.
Esperé a que el supermercado cerrase, y
después entré. Tras inspeccionar algunas pantallas de televisión
encontré la que daba vista de mi línea. Y luego de unos minutos de
escanear, te encontré. Di pausa en el mejor ángulo que pude captar.
Verte por tanto tiempo me hizo darme cuenta de lo perfecta que eras;
cada rasgo de tu cuerpo, tu pelo, tu cara, tus piernas… Tu pecho, era
simplemente perfección. Puse en reversa la toma de cuando pasaste por mi
línea un par de veces, no podía evitarlo. Mis ojos estaban perdidos en
la pantalla.
Después de algunos minutos de
consideración, saqué la cinta, la puse en mi bolsillo, y volví a mi
casa. Sabía que no estaba permitido, bien podía ser despedido por tales
acciones, pero no podía evitarlo, Abby, te amo. Amo todo sobre ti.
Pienso constantemente en ti. ¿Sientes lo mismo por mí, Abby?
Por favor, escríbeme de vuelta pronto.
Sinceramente, Jay.
Querida Abby,
Ya pasaron tres días y todavía no obtengo
una respuesta. ¿Por qué no quieres hablarme? Sigo dudando de si te
llegaron mis otras dos cartas, por favor dime si te llegaron.
Así que me han despedido, encontraron la
cinta que faltaba. Recibí una llamada del jefe de la tienda a las seis
de la mañana del lunes y me dijo que debía ir inmediatamente. Me convocó
a una junta obligatoria para todo el personal. Cuando llegué, la
mayoría se hallaban reunidos alrededor de una mesa con mi jefe a la
cabeza de ésta. Una vez que no faltaba nadie nos dijo que se había
producido un robo ayer, nos habían robado cerca de dos mil dólares en
mercancías y las pruebas estaban en la cinta que había tomado… Sólo mi
suerte. Nos dijo que nadie iba a salir de la habitación hasta que
alguien confesase. Después de algunos minutos, finalmente cedí. Le conté
todo, cómo me sentía sobre que tú y yo tuviésemos una conexión. Luego
de contar mi historia, todos en la sala me veían asombrados. Esperé. De
pronto, mi jefe rompió la tensión. «Jay, estás despedido. Vete y no
vuelvas jamás», dijo.
Ese maldito idiota, siempre me trató como
mierda. Ha estado sobre mis talones desde el día que me dieron el
trabajo, juro que estaba esperando que cometiese algún descuido para
poder justificar despedirme. Y la única vez que tengo un desliz se
entera. ¿Por qué no me comprende? ¿Acaso no entiende que estamos hechos
el uno para el otro? Cualquier hombre hubiese entendido, cualquiera en
mi puesto hubiese hecho lo mismo, ¿verdad?
Te he estado buscando mucho últimamente,
sin trabajo tengo todo el tiempo del mundo para aprender cosas sobre ti.
Hoy conduje hacía tu departamento, se ve muy bien, mucho mejor que el
mío. ¿Sabías que vives a sólo kilómetro y medio de mi edificio? Pregunté
para verte muchas veces, pero me dijeron que no pasabas ahí todo el
tiempo. Me sentía más y más desanimado, pero estaba decidido a verte de
nuevo.
Después de unas horas de preguntar, opté
por quedarme en el estacionamiento esperando a que vinieses, y después
de varias horas esperando lo hiciste. Era tarde por la noche, creo que
alrededor de las nueve. Te vi parquear tu coche y salir. Sentí una
oleada de calor al ver tu cara de nuevo, sé que tengo la cinta para
verte pero no se compara con verte en vida real. Me aseguré de grabarlo
para más tarde cuando esté en mi casa, esta vez con una cámara de muy
buena calidad. Quería capturar tantos detalles como fuesen posibles, no
tenía idea de cuándo sería la próxima vez en que te vería y la cinta ya
no era suficiente para mí.
No puedo sacarte de mi cabeza nunca más,
nunca. Todo lo que hago es ver ese video que grabé de ti una y otra vez.
Abby, quiero que estés conmigo siempre. Quiero despertarme en las
mañanas y tenerte a mi lado.
No puedo esperar a verte de nuevo.
Con amor, Jay.
Querida Abby,
Tengo noticias muy emocionantes Abby, ¡me
estoy mudando a tu departamento! ¿No estás emocionada? Podremos pasar
horas y horas juntos, va a ser simplemente perfecto.
Déjame explicar, mi trabajo pagaba sólo
lo suficiente como para que pudiese cancelar la mensualidad del alquiler
y comprar alimentos cada semana. Debido a esto, he tenido poco o ningún
dinero en mis ahorros, no estaba en condiciones de durar mucho más. Fui
capaz de postergarlo algunos días, pero hoy fui desahuciado. Aunque me
aseguré de traer conmigo mis cintas de ti y fotografías, y mi cámara por
supuesto.
Realmente deberías decirle a tu casero
que mejore su personal, pude pasar a los de seguridad fácilmente. Subí a
tu habitación y toqué la puerta, pero nadie contestó, así que decidí
entrar por otros medios. Me di cuenta de que hay un conducto de
ventilación en la esquina inferior de tu habitación; no es raro teniendo
en cuenta el calor que puede hacer aquí en verano. Supuse que tenía que
haber algún tipo de escotilla por la que pudiese meterme. Después de
algunos minutos de buscar, encontré una puerta al final de tu pasillo
que se veía como un cuarto para el personal, y por suerte había una
forma de entrar a los conductos desde ahí.
Me arrastré a lo largo de ellos hasta
llegar a tu cuarto, era muy estrecho y era también muy difícil moverse
por ahí, pero me las arreglé. Cuando llegué, sentí una oleada de éxito.
Como las luces estaban apagadas y no alcancé a verte comprobé que no
estabas en casa, pero soy paciente. Recorrí con la mirada todos los
rincones de tu habitación, tratando de memorizar cada detalle. Tu olor
me abrumó cada instante que pasé ahí, el cual había percibido las dos
veces que viniste a mi línea en la tienda, pero nunca tan intensamente.
Fue fascinante, no pude poner mi dedo en ello, pero me recordaba a algo,
era casi como melocotones. Me he condicionado a ser extremadamente
paciente, así que te esperé por horas. Puedo permanecer inmóvil por
varias horas consecutivas, sin mover un músculo; nadie iba a fijarse en
mí.
Entonces, finalmente llegaste a casa.
Sentí una amplia sonrisa formarse en mi cara al segundo en el que oí la
puerta abrirse. Allí estabas, mi amor. En ningún momento advertiste mi
presencia, la luz en tu habitación parecía estar en el ángulo indicado
para que no vieses nada en la rendija de la ventilación más allá de los
primeros centímetros. Traté de contener mi excitación, pero empecé a
respirar muy pesadamente. Traté de ocultarlo lo mejor que pude pero me
fue difícil… De repente miraste directo a la rendija. Me silencié
completamente. Después de unos segundos parecía que habías perdido el
interés, eso me hizo sonreír. Este era el lugar perfecto.
Pude notar que te había incomodado sin
embargo, durante toda la noche te levantabas para dar una mirada a la
rendija. Las personas parecen tener un sentido que les hace saber si
alguien está observándolas, puede llevarlas a tener un ataque de pánico.
No trates de fingirlo Abby, puedo darme cuenta de cuando alguien está
despierto, de cuando está tan asustado que se le hace imposible dormir.
¿Por qué estás tan asustada, en todo caso? Soy yo, ¿por qué te
asustaría? Sabes que te amo. Lo sabes, ¿cierto?
Estoy ansioso por pasar todos los días contigo de ahora en adelante Abby; escribe de vuelta si puedes.
Con amor, Jay.
Querida Abby,
Te he visto despertar esta mañana, yo no
pegué un ojo en toda la noche. Eres demasiado apasionante, me pasé la
noche entera mirándote. No pude evitarlo… cada vez que intentaba apartar
la mirada, mis ojos se dirigían de vuelta hacia ti en unos segundos.
Tuve la tentación de salir para tener una mejor vista de ti varias veces
en la noche, pero me resistí. No podía dejar que me descubrieses, no
por ahora al menos.
Me pareció que te pasaste demasiado
tiempo en el baño por la mañana, asumí que dándote una ducha o
poniéndote maquillaje. No, ¿por qué harías eso Abby? Cualquier cosa que
pueda cambiar tu aspecto natural sólo ocultaría tu verdadera belleza.
¿No quieres que todos vean lo que yo veo de ti?
Te marchaste poco después a trabajar, o
eso creo. Tras reflexionarlo un momento, decidí salir del conducto.
Deslicé mi mano por una de las rendijas y saqué los tornillos. La
superficie de la rendija era muy lisa, así que fue fácil encontrarlos.
Agarré uno y lo retorcí tanto como pude, y finalmente lo pude sacar.
Hice esto con los otros y retiré la rendija.
La primera cosa que hice fue ir al baño.
Me deshice de todo lo que pudieses usar para cubrir tu cara, esas cosas
me repugnan. De esta forma todos verían cómo eres realmente. También
encontré algo más ahí, tu cepillo para el cabello. Lo agarré y lo atraje
a mi cara para examinarlo; era de un azul apagado, con un mango redondo
de mucho espesor. Pero eso no me interesaba, los cabellos… eso era lo
que me interesaba. Me tomé unos minutos sacando todos los que podía ver,
y los alineé en tu repisa. Los conté, obtuve 59. Esto me satisfizo
enormemente; los recogí y los guardé en mi bolsillo.
Pasé el resto del día revisando tus cosas
para aprender más sobre ti, tus intereses y tal. Veo que eres una gran
fanática de las películas. Encontré tu colección detrás de tu armario,
tengo que admitir que es muy impresionante. Pero he encontrado algo allí
que me hizo enfadar, una foto tuya con otro hombre. Me desgradó tan
sólo mirarlo, abrazándote cómo si le pertenecieses. No te hará falta.
A eso de las ocho de la noche me pareció
que lo mejor sería regresar al conducto de la ventilación, siempre
sueles llegar a esa hora… Luego tuve otra idea. Miré hacia tu cama, las
mantas estaban colgando por lo bajo, lo suficiente como para rozar el
suelo. Así no podrías ver bajo la cama, a menos que las acomodases.
Primero puse la rendija en su lugar, y luego me deslicé por debajo de tu
cama con una sonrisa en mi cara. Cuando volviste estabas completamente
pálida, y me di cuenta de que venías con alguien más. Te decía que
escuchó ruidos venir de tu apartamento mientras no estabas. Me grité a
mí mismo mentalmente, debía de ser más cuidadoso. Ir bajo la cama había
sido una buena idea después de todo, ya que, obviamente, tu primer idea
fue ir a ver por la rendija. Agradeciste a la persona y se fue. Por
fin, estábamos a solas.
Aguardé en silencio hasta que te fuiste a
la cama, me pareció una eternidad hasta que lo hiciste. Esa noche sería
mi oportunidad de tenerte más cerca; pero fui cauteloso, esperé hasta
que estuvieses profundamente dormida, y sólo entonces me deslicé fuera
de la cama. Y te vi ahí postrada, te veías increíble. Cada curva de tu
cuerpo era perfecta, cada pequeño detalle era hermoso. Te acerqué mi
mano y empecé a acariciarte la cara, era tan suave como la seda. Estaba
muy excitado, tu belleza era abrumadora. Poco a poco me bajé el pantalón
y empecé a tocarme, traté de controlarme para no despertarte, pero me
fue imposible. Sentía el más puro éxtasis, todo sobre ti era perfecto.
Regresé a mi lugar poco antes de que
amaneciera. Me aseguré de prestar atención estos días, no viste mi carta
más reciente Abby, simplemente no debes de chequear tu buzón. Haré un
cambio, voy a dejar ésta en tu repisa.
Ah, me olvidé, estoy preparándote una sorpresa. Fíjate en tu armario después de leer esto.
Tuyo siempre, Jay.
Querida Abby,
Hoy pasé mi tiempo dándole los toques
finales a tu sorpresa mientras estabas en el trabajo, realmente vas a
amarlo. He puesto todo mi esfuerzo en ello, ¿sabes? Llegaste a casa a
las ocho treinta de nuevo, y viste mi carta casi inmediatamente. Empecé a
sonreír mientras la abrías, esperando a ver tu reacción. Te veías
confundida al principio, después alarmada, y finalmente horrorizada.
Empezaste a temblar violentamente y vi que empezabas a llorar… ¿No te
gusto, Abby? ¿Por qué llorabas? ¿No me amas? ¿NO ME AMAS ABBY?
Todo lo que pasó después de eso fue un
borrón. Volteaste al armario sin dejar de sollozar, como contemplando la
opción de abrirlo o no. En su lugar, pasaste corriendo entre el armario
y la puerta. Cuando volviste tenías todas mis cartas, que no tardaste
en leer… bueno. En algún momento parecía que ibas a romperte y a hacerte
un ovillo en el suelo. Estabas desesperada por decir algo, pero
totalmente paralizada por el miedo. Después de unos diez minutos, te vi
mirar bajo la cama, en el conducto de la ventilación, en cualquier lugar
en el que pudiese estar. Verás, Abby, soy más inteligente que eso.
Sabía que ibas a buscarme en esos lugares, así que encontré un mejor
lugar después de terminar tu sorpresa. Nunca me encontrarás aquí, nadie
lo hará. ¿No es genial? Puedo observarte para siempre y no hay nada que
tú u otros puedan hacer.
Aunque, todavía no viste tu sorpresa
Abby. Sé que aún seguías pensando en ello, te vi mirar al armario
repetidamente. ¿Qué podría haber ahí? ¿Qué ibas a encontrar? Esto no
podía durar para siempre, tú y yo lo sabíamos. Vi que caminabas
lentamente hacia el armario buscando a tientas el mango para abrirlo. De
súbito, lo agarraste firmemente y lo abriste.
Era un libro de recuerdos, de ti y de mí.
Te vi pasar las páginas, parecías sorprendida. Nos saqué fotos juntos
cuando no estabas mirando, fotos de ti durmiendo, fotos de ti en la
computadora; esparcí los cabellos que coleccioné en él. También pegué
fotografías de parejas juntos, con nuestros rostros, por supuesto. Y la
fotografía de ti y ese estúpido al fondo, con su cabeza desgarrada. ¿No
terminas de entenderlo, verdad, Abby? Nadie, NADIE puede tenerte excepto
yo. Estamos hechos el uno para el otro, y para nadie más.
Te vi llorar por otros treinta minutos, y
luego te paraste y corriste fuera de tu departamento. Volviste con
muchos policías. Eso me desconcertó. ¿Por qué traerías a esas personas a
nuestro cuarto? Ellos nunca me encontrarán, pero si lo hiciesen podrían
arruinar todo. Todo mi trabajo en las últimas semanas sería en vano. Tú
no quieres eso, Abby.
Estoy exhausto por el trabajo de hoy, y por más que te ame, necesito dormir.
Buenas noches Abby.
Con amor, Jay.
Querida Abby,
¿Ves lo que has hecho Abby? ¿VES LO QUE
HAS HECHO? Me desperté a las ocho de la mañana y te vi haciendo tus
maletas frenéticamente; estaba confundido al principio, pero luego
entendí. Me estabas dejando. Ya no me amabas. ¿Cómo pudiste hacerme
esto, Abby? Fuiste la única persona a quien quise en toda mi vida. No
tenía una razón para vivir, pero cuando te conocí tuve un último deje de
esperanza. Pensé que al fin tenía un propósito para continuar con mi
vida de mierda. Y fuiste y tiraste todo eso por la borda. ¡¿Cómo pudiste
Abby?!
Unos segundos después saliste de tu
habitación. Yo salí de mi escondite y te seguí. Vi que arrojaste tus
maletas en el baúl y te disponías a entrar a tu coche. ¿En serio creías
que podrías librarte de mí Abby? No iba a dejar que te alejases, nunca
dejaría que eso pasase. Tuve que golpear tu cabeza y noquearte para que
detuvieras tu escándalo.
Estaba preparado en caso de que
reaccionaras así. Reservé uno de los depósitos en las afueras de la
ciudad el día en que decidí mudarme contigo. Nos llevé con tu auto hasta
allí, te agarré y te traje dentro conmigo. Me tomó poco tiempo así que
seguías inconsciente, me aseguré de revisar en tus bolsillos que no
tuvieses tu celular. Te senté en la parte de atrás del pequeño cuarto y
cerré la puerta. Llamé al propietario y le dije que había visitado mi
depósito la otra vez y me había olvidado de cerrarlo, y le pregunté si
no le molestaría cerrarlo por mí. Por supuesto, él dijo que sí y colgué.
Luego tiré el celular en el suelo y lo pisoteé, para asegurarme de que
nunca más funcionase. Poco después lo escuché venir y cerrar la puerta.
Alrededor de una hora más tarde, vi que
empezabas a despertarte. La primera vez escuché un quejido muy débil,
luego tu pierna empezó a moverse. Un poco después estabas completamente
despierta. Cuando viste mi cara, empezaste a gritar, lo que
luego disminuiste a un gemido, y luego a un murmullo. Ahí fue cuando lo
viste, la otra cosa en el cuarto. Mi cuchillo. Era obvio qué hacía aquí,
y después de un segundo de entendimiento te precipitaste a recogerlo.
Vi la muerte en tus ojos y dije «Abby, te
amo»… y luego sentí el dolor punzante del cuchillo siendo introducido
en mi cuerpo. Creo que lo sacaste y lo clavaste de nuevo con mucha
fuerza. Pude sentirlo en cada momento, como un fuego ardiente en mi
pecho. Caí en el suelo, riendo mientras tosía sangre. Te vi retroceder,
temblando, y sentarte de nuevo en tu rincón.
Y ahora, mientras me siento sobre un
charco de mi propia sangre escribiendo esto, me pregunto cómo saldrás.
¿Usarás el cuchillo para tomar tu propia vida? ¿O vas a dejar que el
hambre te mate? De cualquier manera, estaremos juntos en la muerte Abby.
Juntos desde el día en que te vi, hasta el día que ambos morimos. Y
mientras estás sentada ahí, llorando, puedo decirte que llegué a una
conclusión. Abby, esto es todo lo que quería, y por eso quiero decirte
gracias.
Con amor, Jay.
